Este artículo es la versión íntegra y documentada de la reflexión ¿Dónde ponemos la mirada?, en la que recojo el panorama y la evolución de la crisis en Ceuta a lo largo del mes de agosto, analizando desde dónde se mira y cómo se ha posicionado la opinión pública y la política frente al sufrimiento humano. Si prefieres una lectura más rápida, puedes consultar la síntesis breve que publiqué en LinkedIn aquí.
Llevamos muchos días ante una crisis que ha tenido muchos nombres. El 26 de agosto le han puesto el nombre de situación de interés para la Seguridad Nacional. Yo llevo casi un mes preguntándome dónde se está poniendo la mirada ante esta situación. Mi intención con este artículo de opinión no es resolver técnicamente una crisis migratoria, sino saber dónde se ha colocado la opinión pública y dónde la política frente al sufrimiento humano.
Estamos ante una crisis que ha acumulado muertos, en la que hay personas en una situación de inestabilidad, menores, necesidades humanitarias y una gran crispación social. Pero, en cambio, una gran parte de la conversación pública y política se ha desplazado hacia culpables, expulsiones, enfrentamientos entre partidos políticos, Marruecos, protestas, bulos… ¿Dónde estamos poniendo verdaderamente la mirada?
He leído noticias en las que se llamaba «invasores» a los migrantes, aspecto que deshumaniza totalmente a este colectivo y no solo lo deshumaniza, sino que contribuye a generar odio, crispación y enfrentamiento social. El 30 de julio, Santiago Abascal, presidente de Vox, calificó lo sucedido en Ceuta como «invasión» y habló de «hombres en edad militar llamados por el Gobierno corrupto», según recogía la agencia Europa Press ese mismo día.
Mención aparte merecen las declaraciones del señor Samuel Vázquez, portavoz de Vox en Seguridad e Inmigración, que afirmó en Ceuta lo siguiente: «Que cada uno defienda a su familia con todo lo que tenga en su mano, con un palo o con lo que sea», apelando al «instinto de supervivencia», tal y como recoge La Verdad de Ceuta en un artículo publicado el 1 de agosto.
Como demócrata defiendo la libertad de expresión. Puedes opinar lo que quieras sobre las fronteras, sobre las políticas migratorias, sobre las actuaciones del Gobierno, pero no puedes llamar a la violencia hacia otros en nombre de esa libertad.
Sumado a este tipo de comentarios, nos encontramos en las redes sociales con esas plataformas y personas que lanzan mensajes que se repiten y repiten en busca de un fin concreto. ¿Qué pasa con esta serie de mensajes? Que unos son mentira; otros utilizan noticias reales manipulándolas mediante la exageración de datos, haciendo cortes, sustituyendo imágenes actuales por antiguas… Y todo esto no pone el foco en lo verdaderamente importante, sino que lo que crea es conflicto, desinformación y un miedo ilógico a lo diferente
.El diario El País, en un artículo publicado el 6 de agosto, documentó un mensaje difundido por Alvise Pérez en el que afirmaba que «la población de Ceuta cierra comercios y abandona la ciudad en barcos». Bulo.
Pero existen cosas mucho peores. Yo he podido leer en Instagram publicaciones en las que se hablaba de «collejoterapia» y de «paloterapia» y muchos mensajes llenos de violencia, odio, racismo y exclusión.
El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia detectó 9.590 mensajes de odio solo en los días 30 y 31 de julio, coincidiendo con la crisis de Ceuta. Además, señala que estos mensajes se multiplicaron por tres en esos días, según el boletín de monitorización publicado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones el 25 de agosto.
La sociedad ceutí también está dividida. Lo ocurrido el 27 de agosto vuelve a demostrarlo. Algunos residentes intentaron bloquear el paso de vehículos de Cruz Roja y posteriormente un grupo irrumpió en un asentamiento de migrantes, destruyendo y quemando pertenencias, tal y como informó la Cadena SER ese mismo día. Esa misma madrugada también se produjo un ataque con piedras contra un vehículo militar por parte de un grupo de migrantes, que terminó con doce detenidos, según informó Radio Televisión Española.
Pero la realidad es cruda. Entre los días 30 y 31 de julio fallecieron personas alrededor de la frontera entre España y Marruecos. Probablemente nunca sepamos la verdad de esas cifras ni la realidad que nos llevó a ellas. Caminando Fronteras estimó 141 fallecidos, sumando ambos lados de la frontera, según recogió la agencia EFE el 5 de agosto. Más adelante, Radio Televisión Española hablaba el 23 de agosto de 88 cadáveres recogidos en Ceuta. No existe una cifra definitiva, única y consolidada, así que lo que nos queda es hablar de decenas de muertos. A mí eso me duele. Y, si a mí me duele, imagínense a sus familias.
Ahora mismo hay personas que están siendo insultadas, perseguidas, pasando hambre, sin medidas higiénicas… Esto también me duele. El 27 de agosto, Ángel Víctor Torres denunció en el Congreso ataques contra migrantes y ceutíes musulmanes, así como amenazas a voluntarios de Cruz Roja por repartir comida en la playa del Trampolín, según recogió elDiario.es ese mismo día. Es cierto que existe una red de asistencia que está respondiendo, aunque la precariedad y el problema de alojamiento no están resueltos. La situación sigue siendo devastadora.
También se han producido enterramientos sin identificación completa y dificultades para repatriar cuerpos. Así lo recogían elDiario.es el 21 de agosto y Radio Televisión Española el día 23. Al leer esto, me acuerdo de todas esas familias que están esperando noticias o que están esperando un cuerpo y, si me pusiera en su piel, no sería capaz de imaginar un dolor tan grande.
En sus respectivos países no sabemos verdaderamente la situación por la que estaban pasando estas personas o la que están pasando ahora los retornados. Muchos de ellos vienen de países con regímenes políticos cuestionables —de esos en los que debes estar callado—, pero apoyados por Occidente, lo que hace que a menudo no podamos llamarlos por su nombre: dictaduras.
También hay quienes han colocado la mirada directamente en las personas. El 3 de agosto, Amnistía Internacional reclamó una respuesta basada en la humanidad y la solidaridad, así como garantizar el acceso al asilo y evitar que esta crisis se utilizase para endurecer las políticas de expulsión.
La Conferencia Episcopal, el 5 de agosto, calificó esta situación de «tragedia humanitaria» y reclamó una respuesta urgente para los menores y las personas susceptibles de protección internacional. También Cáritas, en una nota publicada el 4 de agosto, pidió que la dignidad humana fuese el eje de la respuesta. Y ya el 31 de julio, el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española había pedido respeto a la dignidad de las personas y «evitar la manipulación con fines partidistas», según recogió Europa Press ese mismo día.
Por una parte, tenemos una mirada basada en el conflicto, el racismo, la crispación y la expulsión. Ahora vemos otra mirada basada en la tragedia, en lo humano, en los que sufren. ¿Cuántos somos los que ponemos el foco en la humanidad y en la dignidad humana?
Los migrantes no son enemigos, no son invasores, ni debemos utilizarlos como una oportunidad de ataque o enfrentamiento político. Los migrantes son personas con dignidad, a las que debemos tratar con la misma humanidad y el mismo respeto con el que queremos ser tratados nosotros.
Si somos capaces de utilizar una desgracia humana y la muerte como unarma para la lucha de poder, es porque nos hemos deshumanizado totalmente.
Resulta muy triste que una sociedad que ha vivido la emigración permita que una serie de discursos basados en el odio, la mentira y la crispación política la influya y la movilice de tal manera que deje de ver a los demás como personas y los vea como enemigos.
Intentemos saber ahora hacia dónde han puesto el foco nuestro Gobierno y nuestros políticos. Podemos comprobar que el Gobierno de España, al comienzo de esta crisis, centró su respuesta sobre todo en el control de la frontera, la seguridad y el retorno, como reflejaba el comunicado del Ministerio del Interior del 30 de julio. Después, su actuación fue ampliándose hacia una dimensión humanitaria y administrativa, con medidas relacionadas con la acogida, los menores y la protección internacional.
Resulta para mí llamativa la ausencia durante un periodo de tiempo del presidente del Gobierno, que, tras comparecer en Ceuta y ante una crisis humanitaria de esta magnitud, decidió mantener su periodo de vacaciones. El liderazgo ético y la presencia institucional del máximo representante de la política en nuestro país no se ejercen a distancia ni a tiempo parcial cuando hay vidas en juego. El 26 de agosto entró en vigor la declaración de situación de interés para la Seguridad Nacional mediante el Real Decreto 681/2026, publicado en el Boletín Oficial del Estado.
El principal partido de la oposición, el Partido Popular, desde el primer día mantiene una postura dura en materia de seguridad. El 30 de julio, Alberto Núñez Feijóo pidió declarar una crisis de seguridad nacional, cerrar las fronteras y movilizar al Ejército, tal y como recogió elDiario.es ese mismo día.
También encontramos dentro de la política miradas que cuestionan precisamente la utilización partidista de esta crisis. El 31 de julio, Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, calificó al régimen marroquí de «dictadura» y acusó a Marruecos de chantajear a España y a Europa utilizando a su propia población como «carne de cañón arrojadiza». Al mismo tiempo, pidió huir del «politiqueo partidista» y reclamó un «Pacto de Estado transversal», tal y como recogió elDiario.es ese mismo día.
Pero insistamos en dónde ha puesto cada uno su mirada. El Gobierno ya lo acabamos de analizar. Veamos al resto: el Partido Popular se aferra fundamentalmente al alarmismo en materia de seguridad, a exigir responsabilidades al Ejecutivo y a acelerar el retorno; Vox pone su punto de mira de forma excluyente en el discurso de la invasión, el cierre de fronteras y la expulsión; Sumar, Podemos e Izquierda Unida basan su mirada en la protección de los menores y de los derechos humanos, aunque cada vez están mirando más hacia la responsabilidad de Marruecos; Esquerra, al menos en la posición expresada por Rufián, señala directamente la responsabilidad marroquí, pero busca evitar la utilización partidista y exige un acuerdo responsable; y Junts se atrinchera prioritariamente en el debate sobre las competencias y el reparto territorial.
Vemos, por tanto, que no todos los colores tienen los mismos principios ni intereses ni tampoco la misma mirada. Y descubrimos que, de los posicionamientos que hemos analizado, solo Gabriel Rufián ha reclamado expresamente un «Pacto de Estado transversal».
No sé cómo va a evolucionar esta crisis humanitaria, ahora declarada situación de interés para la Seguridad Nacional, ni sé cuál va a ser su solución. Lo que sí sé y denuncio es que no todos los partidos políticos ni toda la sociedad están poniendo el foco en quien sufre ni en quien necesita ayuda. Y, lo que es peor, algunos toman posiciones que, desde mi punto de vista, atentan directamente contra los principios constitucionales de la dignidad humana y de los derechos fundamentales.
No soy político, ni analista, ni periodista. Mi opinión es la de un maestro de escuela que cree firmemente en la dignidad de las personas. Trabajo con los ciudadanos del futuro y me niego rotundamente a convertir a mis alumnos en seres deshumanizados e insensibilizados que se dejen llevar por lo que dice una noticia falsa en una red social o no se atrevan a ser críticos ni a mirar los diferentes puntos de vista.
No seré yo quien diga al lector qué opinión debe tener ni dónde debe colocar su mirada. Esta es la mía, pero creo que, a veces, es necesario intentar contemplar todo el panorama: ¿quién habla de fronteras, quién habla de expulsión, quién intenta crear conflicto y desinformación, quién busca responsabilidades, quién denuncia la utilización partidista, quién busca unión y quién intenta poner en el centro a las personas que sufren? Después, cada uno tendrá que decidir dónde quiere mirar.
Ante la frustración de no poder hacer nada, decidí escribir y alzar la voz porque sigo creyendo que la pregunta continúa siendo la misma: ¿verdaderamente estamos poniendo el foco en lo que importa?

