Partiendo de las lecturas del leccionario del día de hoy, en la primera lectura, tomada de la primera carta a los Corintios, la idea que me queda después de haber leído este fragmento es la importancia de la comunidad.
Vemos en esta carta que Pablo da gracias a Dios por la gracia que ha sido dada en Cristo Jesús a la comunidad de Corinto. Insiste también en la firmeza y en la fidelidad hasta el final.
En principio, esa es la idea que para mí subyace en este fragmento: la importancia de la comunidad, vivir la alegría de los demás y vivir la fe con los demás.
En la comunidad, en la fe compartida, también recibimos y descubrimos las gracias y los dones que el Señor nos da. Además, la comunidad nos ayuda a ser fieles, a mantenernos firmes. Unos nos damos fuerza a otros, unos nos corregimos a otros, unos nos apoyamos a otros y unos aprendemos de otros.
Pablo nos habla también de mantenernos firmes hasta el final, «el día de nuestro Señor Jesucristo». Por tanto, el texto mira hacia la venida del Señor. Pero también me lleva a pensar, personalmente, en la necesidad de intentar mantener esa fidelidad hasta el final de nuestra propia vida.
Y en el salmo, tomado del Salmo 144, 2-7, se nos habla de reconocer al Señor por todo lo que hace por nosotros, por sus maravillas, por su justicia, por su bondad.
«Bendeciré tu nombre por siempre, Señor».
El Señor es grande y merece toda alabanza. Alabar al Señor por lo que es, simplemente por ser Dios.
A mí este salmo me acerca a una idea: que no somos nada sin el Señor y que nada tenemos, nada es nuestro, todo ha sido dado por Él. Nada hemos conseguido nosotros, sino que Él está detrás de todo lo que hemos conseguido. Y es justo alabarlo por ello, es justo bendecirlo por ello.
En cuanto al Evangelio, en este caso tomado de Mateo 24, 42-51, nos habla de estar en vela, de estar preparados, porque a la hora que menos pensemos llegará el Hijo del hombre.
Estar en vela.
Esto me recuerda a otra parábola del Evangelio de Mateo, Mt 25, 1-13: la parábola de las diez vírgenes.
Para mí es importante partir de que no entiendo este texto como un texto que nos lleve al miedo o a la catástrofe. Sí es un texto relativamente apocalíptico, porque habla de la venida del Señor, de la segunda venida del Señor, pero yo lo entiendo como un texto esperanzador.
Es decir: analiza tu comportamiento, analiza tus actuaciones, prepárate en tu día a día y no te dejes caer.
Precisamente conecta un poco con la primera lectura, cuando nos habla de ser firmes y fieles. En nuestro día a día debemos ser fieles y firmes, estar vigilantes y en vela, porque en cualquier momento puede llegar la muerte o el Señor.
Por tanto, es importante estar atentos a que nuestros principios se mantengan firmes, a cumplir los mandamientos cristianos, a ser humildes, a ayudar a los demás, a vivir una vida de Evangelio y, cuando llegue el momento de nuestra partida o el momento de la venida del Señor, estar preparados para ello. No pasará nada: será solo un trámite, un tránsito, nada más.
Esta es mi visión.
Sí es cierto que, para mí, los textos de hoy resultan más complicados que los de los días anteriores. Pero esto es lo que a mí me dice la Palabra de hoy.
Y después hay otra cuestión. Dice el Evangelio: «Llegará el amo y castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Yo creo en un Dios misericordioso, en un Dios de amor y de perdón. Pero también creo en un Dios justo, que establece justicia.
Entiendo que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, a fallar, a pedir perdón y a arrepentirse. Pero también hay personas que no se humillan ante el Señor, que no se disculpan, que no piden perdón, que no reconocen sus faltas.
¿Serán ellos quienes vivan ese rechinar de dientes? No lo sé.
¿Seremos los que creemos que tenemos una vida basada en el Evangelio, pero fallamos y tropezamos todos los días? Tampoco lo sé.
Y, sinceramente, no me preocupa. Mi objetivo es vivir hoy la vida del Evangelio, ayudar hoy al que lo necesita, servir hoy al Señor. Y el día que muera o el día que venga el Señor, sé que será misericordioso.
Si tengo que pagar o cumplir algún castigo, será por justicia, por justicia con otros. No porque mi Dios se alegre de castigarme o sea un Dios malvado al que le gusta hacer sufrir a su pueblo. No. Será porque está practicando conmigo la justicia y la vara con la que mide a todo el mundo.
Por eso digo que no me preocupa. Tengo que ser responsable de mis actos, asumir mi vida y lo que hago, y no culpar al Señor de lo que me pasa.
Y, en fin, esto es lo que hoy he sacado de estas lecturas.


